“Pareciera que todo es verdadero y sinembargo
las trampas de la mente nos demuestran
que la forma y el fondo son en esencia
una misma cosa y que detrás de lo que
nuestros ojos ven y lo que nuestros oidos
escuchan palpita la vacuidad que no es
lo mismo que el vacío ya que
algo vacío implica que es susceptible
de ser llenado y la vacuidad
de la que hablo es como una nada
ingrávida sin fondo ni llenadero”
Tras la colina del silencio las aves anuncian su cita con el nuevo día. Una claridad intima y certera irrumpe en el espacio nocturno desplazando sin querer los escasos astros desvelados.
Nada hay en estas líneas que no emerja del silencio. La libertad de las palabras radica en su no-contradicción, en la disolución irreversible de los opuestos. En la plena comprehension de que todo es complemento.
De nada sirve mirar el sufrimiento como un obstáculo de la felicidad. Cuando se mira como un objeto pasajero y no como un sujeto permanente o un bloque sólido e inamovible, se realiza, que al igual que el dolor, el placer es tan efímero como transitorio.
Al aceptar sin renegar ninguno de los estados del alma, al dejarlos simplemente transcurrir conforme a su naturaleza primigenia, se hace visible el rostro verdadero tras el tocado.
Al cobrar consciencia de la respiración desaparece el bullicio de las ideas, esa efervesencia que pensamientos de todo tipo que atormentan las mentes sin permitirles experimentar la verdadera serenidad.
Al dejar que la respiración respire por sí misma, sin forzar o querer imponerle un ritmo, se hace manifiesto el flujo solar en nuestros cuerpos, entonces cada célula reverbera luminosa, como una colonia de protones en plena actividad.
"Expectation is the cause of deception”
Después de comer me acosté en una banca a descansar. Aquella mañana me había levantado un par de horas antes de que amaneciera.
Comodamente instalado en la banca bajo un roble centenario, me puse a escuchar la cascada de viento que hacía vibrar los cientos de miles de hojas del árbol dando un efecto visual de claroscuro verdiazul. Para entonces una reverberación ligera y adormecedora arrullaba mi digestión.
Entrecerré las ventanas de mis ojos y pude ver como el verde danzaba y se licuaba con el azúl inmóvil e infinito del cielo. Me dí cuenta de que esta imágen nunca vista, sería siempre diferente segun las condiciones del entorno, siempre en constante mutación según las estaciones de mi cuerpo.
La música del viento fué la causa de que una semilla se desprendiera del árbol y cayera sobre mi pecho, despertándome así del letargo de la belleza.
Más tarde una paloma jóven, completamente blanca se acercó a mis pies. Le dió la vuelta a la banca y sifló tres veces, tal vez en respuesta a la imitación de ruido de paloma que yo había inaugurado segundos antes.
Después cantó de nuevo tres veces. Ese canto me pareció tan peculiar que un suspiro recorrió mi columna vertebral como una descarga de alegría repentina que se convierte en espasmo y por último desemboca en lágrimas de estupefacción.
A la hora indicada, una mujer vestida con una túnica azafrán hizo sonar el gong. Los aprendices nos metimos al castillo a sentarnos durante cuarenta minutos sin hablar. Fué entonces que aprendimos a cobrar consciencia del flujo de aire que recorre nuestros cuerpos sin parar.
Caminar lo más despacio posible con el fin de experimentar la sensación de anclarse al suelo a trevés de las fibras diminutas e invisibles que cobran raíz desde la cabeza hasta las plantas de los pies.
Sentarse a escuchar las inhalaciones y las exhalaciones, el flujo corporal, la marea cíclica de los átomos que nos conforman.
Acostarse a escuchar crecer el pasto mientras los insectos merodean tu piel o sobrevuelan tu cabeza.
Escribir y describir el proceso de la vida cotidiana como un ritual que se sucede en el espacio. Romper el cascarón del tiempo y presenciar el milagro que es la vida. Ser testigos de un presente que nunca se termina. Bañarse en una cascada sonora de tonalidades luminosas.
Comprender sin aprender, sin amarrarse a la idea de que lo vivido permanece. Iguana, mosca, chapulin, el pasto tiembla y no es porque tenga frío.
No existe una técnica precisa, una fórmula alquímica para lograr la paz. Pero con una actitud simple y ordinaria es posible alejarse de la tormenta.
Los conceptos son estáticos y si lo permitimos, permanecen en nuestro cerebro anclados durante meses, años, eones.
De la misma manera, cuando observamos a un niño soplar un aro circular de metal después de haberlo pasado por agua jabonosa para fabricar burbujas, podremos constatar que las burbujas que se forman con el aliento del niño que las sopla, se escapan del aro para atravesar una cierta distancia y luego descender o estallar al más minimo roce de cualquier objeto, si no es que otro niño la revienta primero.
La burbuja tarda relativamente poco en desaparecer. Pero el concepto de la burbuja puede quedar en nuestras mentes mucho más tiempo de lo que dura una pompa de jabón.
Es por eso que se dice que los conceptos son estáticos. No es que no cambien, sino que su naturaleza es letárgica, los conceptos por muy etéreos que parezcan, son pegajosos, graves por definición.
Cuando un concepto regresa sin cesar a nuestras mentes, se puede decir que se ha convertido en una obsesión. A caso esta anécdota pueda esclarecer lo que pretendo transmitir.
Un día de septiembre, el guia caminaba por el campo precedido por nueve de sus aprendices. De pronto vió una mujer ahogandose en el río. La belleza de la mujer nunca había sido imaginada ni por el guia ni por nosotros.
Sin pensarlo, el guia se lanzó de inmediato al agua, tomó a la mujer entre sus brazos y la sacó del río. La mujer, mojada en su palpitante desnudéz, le agradeció infinitamente por haberla salvado.
El guía no dijo nada y continuó su camino. Los aprendices murmuramos a cerca de lo sucedido y llegamos a la conclusión de que el guía no había seguido los preceptos que dicen que cuando se concentra en las enseñanzas, no es correcto apegarse a los placeres carnales, y el guía había tomado en brazos a esa hermosa mujer desnuda.
Los aprendices quedamos desilusionados y seguimos caminando en silencio. Llegando al castillo donde realizabamos las prácticas le dijimos:
-Maestro, nos ha decepcionado tu actitud. Has incumplido los preceptos de castidad al haber tomado entre tus brazos esa mujer de extraordinaria belleza.
El guía nos dijo con una sonrisa casi de niño:
-Que les he enseñado a cerca del apego al mundo sensorial?
Los aprendices respondimos que el apego a los placeres de la carne es una de las causas del sufrimiento.
-Muy bien, -Respondió el maestro- Veo que han aprendido la teoría de lo que significa. Ahora les voy a aclarar el resto.
Efectivamente, cogí a esa hermosa mujer desnuda entre mis brazos, la saqué del agua para que no muriera ahogada, la deposité en el pasto y continué mi camino olvidándome de ella.
Pero veo que ustedes la han traido hasta aqui, y ese es el apego del que hay que deshacerse, de no cargar en la mente conceptos que nos impiden vivir en el presente.
Los aprendices, sin mencionar palabra cerramos los ojos y nos pusimos a meditar a cerca de lo ocurrido.
Al igual que la depresión, la sensación de estar cansado es un estado orgánico del ser. Puede ser ligero o pesado, según la fuerza que cada uno le otorguemos.
La mente se encuentra en constante estado de escape. Siempre queriendo el confort, siempre buscando la satisfacción y las sensaciones placenteras.
Pero cuando la mente busca o espera, esto significa que tiene expectativas y por lo tanto es susceptible de sufrir una decepción si lo que se espera no se cumple como quisieramos.
El estado de expectación puede ser abolido simplemente estando atento, plenamente consciente del momento en que aparece en la pantalla de nuestra mente, y dejandola desaparecer de la misma forma en que llegó, como una nube.
Para esto se necesita una dosis de coraje y confianza en que el flujo de la vida conspire a nuestro favor. Pero no es tan sencillo como una fórmula que se describe en dos o tres párrafos. Precisa ser un poco curiosos y sentir al interior una aspiración que depase las fronteras de nustras expectativas.
Es importante saber que esa aspiración, de nada sirve si no realizamos el esfuerzo adecuado para canalizar una acción suficiente que nos permita llevar a cabo la experiencia.
La memoria de lo que se acaba de ir. El instante como la perla de un collar que se desgrana al infinito. Al recordar lo que se ha ido todo ha cambiado en un instante. Atento del instante. La intención consciente de estar en contacto. Discriminar entre lo que es real y lo que pretende serlo. Ver las cosas como son, no como somos. Sin la proyección de un comentario o juicio de valor.
El verdadero enemigo es la mente sin control, la mente parlanchina y sin atención. El antídoto es sin duda la disciplina imperativa de estar siempre presente en lo que se está. Si caminando, caminar con todos los musculos y con todos los huesos, caminar sin pensar que dentro de una hora estaremos nadando, o dormidos o copulando. Caminar con la mente y con el alma.
Sentarse cuando se está sentado. Hablar cuando se está hablando. Amar cuando se está amando. Eso es el estado peculiar al que llamamos el presente. Que tiempo tan complicado de conjugar.
Ir, trazar la ruta sin regreso e inventar camino. Para qué? Darse cuenta de que la meta es el camino mismo.
Trazar sendero y percatarse de las cosas nimias, el pasto, el viento, un insecto. Aventurarse en la trayectoria mágica e intransferible del camino. Lanzarse a descubrir lo que llaman “el otro lado” y darse cuenta de que ese “otro lado” que buscábamos se encuentra aqui mismo, en cada rincón, en cada lugar a donde nos conducen nuestros pasos delineados en el mapa de los astros.
La ida es sueño, el regreso es despertar. Ida y vuelta en un sonar de párpados. Campanas al vuelo y de vuelta y revuelta hacia el más acá del verso. No hay tal cosa como el tiempo. Todo es un instante luz que fluye y se disuelve para no volver. Sueño que se desdobla para mostrar su rostro verdadero.
Algunos dan vueltas alrededor de una construcción en forma de campana que llaman estupa. Otros avanzan conforme a las manecillas del reloj. Otros cuentan con los dedos las semillas de sus rosarios. Algunos caminan tan despacio, que resulta cási imposible percibir el movimiento de sus pies. Otros tantos se instalan cómodamente insensibles sobre un cojin bermejo y cruzan las piernas de manera que el pie derecho reposa sobre el muslo izquierdo y visceversa. Con qué razón?
La ruta del ensueño se traza a cuentagotas. No hay tal cosa como el tiempo. Nos han tomado el pelo y es menester recuperar consciencia de que el pelo crece como el pasto.
No hay fórmula mágica que nos sacuda este letargo. Cada átomo de nuestros cuerpos lleva una galaxia al interior. Espejo frente a espejo la forma y el fondo se confunden. Qué nos queda sino andar? Reflejarnos en cada ser-espejo de este mundo.
Aquello era de verse. Algunos se retorcían por dentro contorsionando las vísceras con el fin de expeler algúna ventosidad estancada.
Otros tenían el rostro impasible como si no fueran capaces de generar el mínimo sentimiento. Y es que en realidad eran los vigías de su propio ego. Se habían propuesto estar alertas veinticuatro horas al día, labor nada fácil si se tiene en cuenta que la mente discurre como un río cuyo caudal es prácticamente irrefrenable.
Nuestro guía en la colina del silencio, nos había aleccionado con anticipación. Nos había pasado un par de claves de apoyo logístico en caso de angustia o desesperación.
Una de ellas era aceptar todo pensamiento que llegara a nuestras mentes. Acogerlo sin necesidad de otorgarle importancia o de seguir su cauce, que nadie sabe –ni el propio guía- a que paradero incógnito nos podría arrastrar.
Aceptar las sensaciones agradables así como las desagradables sin discriminar entre la una y la otra. Aceptar lo mismo la alegría que la tristeza que pudieran eventualmente atravesar el vasto cielo de nuestras mentes como un pájaro que no deja trazo en su trayectoria.
La segunda clave esencial era el hecho de dar rienda suelta a la respiración. Permitir a nuestro cuerpo respirar a su ritmo sin forzar la naturaleza del momento. Si el cuerpo respiraba a una cierta velocidad, respetar esa velocidad sin imponerle otro ritmo, cualquiera que este fuera.
Dejar al cuerpo respirar sin querer modificar la intensidad o las fluctuaciones de la marea de oxígeno que nos permitera seguir existiendo, significaba en cierta forma permitir la entrada en nuestro cuerpo de la capacidad de percibir otras variaciones de la realidad, quiero decir, de otras esferas del conocimiento.
Dicha tarea no era nada fácil si se toma en cuenta que el flujo mental se encontraba sobrecargado de intensidad en la mayoría de nosotros. Lo más probable sería que la mente nos llevara de paseo tan lejos como se lo permitiéramos.
El objetivo central era en realidad apaciguar ese remolino de ideas que nos distrae de lo esencial, que en este caso significa respirar, quiero decir, cobrar consciencia de cada vez que se respira. Tarea de locos, o de monjes. Y a veces surge la pregunta de que estamos haciendo aqui, ahora? Poco importa. Nuestra tarea es fluir en armonía con los ritmos naturales. Lo demás es superstición.
Aceptar el dolor no significa darse por vencido en la lucha para erradicarlo. El hecho de aceptar el dolor no significa que vaya a desaparecer de inmediato, como por arte de magia, sino que al aceptar se logra que no incremente en intensidad.
En ejemplo que venerable Antonio nos puso a cerca de la tortura lo ilustra con claridad. Si alguien tortura a otro, es imposible para la víctima parar la tortura. Sinembargo, si acepta en cierta medida el dolor que se desprende de dicha tortura, es posible que el sufrimiento se atenúe.
Ahora bien, no nos confundamos, el hecho de aceptar el dolor no significa rendirse a que nos sigan torturando. En este caso el dolor es la consecuencia inmediata causada por la tortura, no es la torutra en sí misma.
Si no aceptamos el dolor, puede transformarse en una sensación insoportable. Lo que no es en ningún caso aceptable ni bajo ninguna circunstancia es el hecho mismo de la tortura.
La serenidad no se consigue ni en los parajes de la mente ni llendo a ninguna parte. La paz verdadera no está ni al interior ni al exterior de nuestros cuerpos, sino que es un proceso gradual, un aprendizaje progresivo que comienza con un estado mental ausente de perturbaciónes. En este estadío del alma, el proceso discursivo cesa gracias a la concentración o a la absorción en cualquiera de los elementos naturales, un árbol sacudido por el viento, la inmensidad azúl del océano o el sol naciendo entre las montañas.
Al cobrar consciencia de las sensaciones que atraviesan nuestro cuerpo, placenteras, neutras o desagradables, podemos verlas como nubes que trazan el firmamento o como estrellas fugaces que desgarran el vientre de la noche.
Al identificar dichas sensaciones, al poner atención en su naturaleza transitoria, es posible atenuar, en un grado superlativo el sufrimiento. No precisa buscar la felicidad sino disminuir el sufrimiento ya existente.
Otra clave que el venerable Antonio nos dió fué:
“The letting go of concepts and sensations, helps to be unattached. Only by being unattached one can overcome suffering”
Hablando del desapego, me despido por un breve lapso. Pensandolo bien, creo que podría dejar de escuchar música, de pintar, de visitar amigos, de tener relaciones sexuales, de comer. Lo que no podría en definitiva abandonar, sería la pluma. Espero que el apego a dicha pasión no me prohiba el seguir haciendo girar la rueda de las transmigraciones.
DIA TRES
Es importante remarcar que en el castillo del saber no está recomendado hablar ni establecer contacto ocular con los demás aprendices.
Tampoco es posible leer ni pintar ni tocar instrumentos musicales –con excepción del gong que se hace sonar para dar aviso de que las sesiones están a punto de comenzar- ni mucho menos escuchar la radio o aparatos análogos.
En estos primeros días de retiro –los más difíciles de asimilar- he podido descubrir a más de un aprendiz folleteando revistas sobre las enseñanzas como un niño que se esconde para comerse una paleta que sus padres le han dicho de guardar.
Uno de los aprendices no pudo resistir la tentación y encendió su radio con una música de tambores, trompetas y cimbales tibetanos.
Apenas escuché la música pensé que a caso podría venir de una alucinación auditiva producto de sendas horas de meditación.
No era así. El albino del camión “Iveco” para minusválidos, personaje harto nervioso y distraído, se había puesto a recitar unas encantaciones guturales de tonos graves como si vienieran del centro de la tierra.
Al igual que yo, los aprendices que nos encontrabamos observando el amanecer, escucharon el zumbido sin protestar ni hacer la mínima exclamación o queja, ya que nadie debía hacer uso del lenguaje hablado.
El voto de silencio nos impedía expresar nuestro descontento, pero al mismo tiempo el venerable Antonio nos había ya explicado el significado de la palabra ACEPTACION.
Pronto abandoné mi rutina diaria de estiramientos y genuflexiones matinales para acudir hasta el camión “Iveco” para reclamarle al albino con un tono de voz atenuado por la situación, que si no le molestaba apagar su radio ya que la intención del retiro era precisamente dejar aparte todo tipo de distractores mentales para concentrarnos en la introspección y en el silencio.
El albino no dijo nada y comprendió de inmediato respondiendo en el acto a mi petición. Si, lo sé, no soy ninguna autoridad dentro del castillo del saber para decirle que apagara su radio, y además, si seguimos fielmente los preceptos de nuestro guía, había que aceptar toda perturbación que se nos presentara en el camino no prestandole importancia, es decir, dejandola ser y al no darle importancia a tal perturbación, se le resta fuerza sobre la influencia que pudiera ejercer en nosotros, se le resta validez y se evapora por si sola. Hasta aqui estamos de acuerdo.
Pero si hubiera aceptado que el albino terminara su disco de trompetas tibetanas, tal vez no hubieramos podido presenciar el amanecer en calma y seguramente nos habríamos perdido el discurso florido que cada mañana pronuncian las aves desde las ramas de los árboles.
Lo sé, rompí mi voto de silencio. Nadie tiene la culpa. La culpa no es más que una creación mental que nos inculcaron los sacerdotes en turno para ejercer su poder sobre las gentes. Para crear conflicto y dualidades entre hermanos y vecinos. La culpa es una larva que corroe las almas de quienes no comprenden las leyes de la causa y el efecto. Las leyes de la armonía perfecta de la naturaleza con sus partes.
Así que el albino del camión “Iveco” tampoco era el culpable de las ganas que lo invadían de encender la radio. Ni tampoco hay que culpar a los parientes del albino por haberlo enseñado a vivir todo el tiempo pegado al aparato. Ni tampoco tienen la culpa los ancestros del albino ni la sociedad que nos vió nacer. Porque si nos adentramos en una cacería de brujas, entonces todos somos un poquito culpables de lo que sucede en este mundo ya que todas sus partes se encuentran interconectadas entre si. Quien lance la primera piedra, que sepa que el viento puede hacer regresar esa misma piedra y hacerla caer sobre su cabeza.
Ignoro si el instructivo de las enseñanzas incluye los casos de excepción en los que se puede quebrantar un voto o un precepto.
Serán a caso las enseñanzas inflexibles como el roble frente al viento, o se podrán doblar como el bambú cuando acecha la tormenta?
Te dejo con esta incógnita. Ya cási suena el gong y yo aqui, escribiendo bajo los influjos del viento.
Bajo la vasta sombra de un cedro miro mecerse las ramas. El viento hace danzar las agujas verdes del otoño. Las hojas anuncian que Octubre no está lejos.
Una abeja -a mitad encandilada- colecta el polvo mágico y solar de una flor ultra violeta.
Cada ser descubre lenta y progresivamente el significado de la palabra vida.
Mi alma se regocija con las lecciones de natura y esa conmoción de alegría se desborda entre líneas como un filtro que tamiza una luz cobriza, como de amanecer.
Porque todo respira en este mundo. Respiran las aves con su canto y respira el laud con sus cuerdas y respira la tierra con sus piedras y sus plantas y sus animales, elefante, vaca, ratón.
Y respiran las gentes con sus vísceras, sus huesos, con sus venas tu cuerpo respira aunque a veces no lo notes. Aunque a veces se te olvide escuchar los latidos de tu pecho, la vida te sostiene en pie, te calienta y alimenta.
Bajo la manta sagrada del cielo los aprendices leen el código de las esencias. Tratan de descifrar las tablas de los elementos para acordarse de sus sueños. Tan sencillo como un té de menta en medio del desierto.
Venerable Antonio dice que el mundo de las sensaciones es impermanente no obstante el éxtasis que puede provocar el simple hecho de caminar.
Pero aunque el mundo sensorial sea efímero, ciertas acciones de los sentidos nutren el alma elevandola a un estado de virtud, de vislumbre y resonancia, de feed back con el mundo.
Entonces surge una correspondencia entre seres verdaderos, quiero decir, que se saben vivos. Porque nada hay que no sea verdadero. Incluso los que duermen somos verdaderos.
Nada existe que depase la sabiduría del universo. Algunos dicen La ilaja il allah, porque todo es luz en este sueño.
Algunos seres humanos somos víctimas de espasmos amorosos en donde un deseo ardiente e incontenible nos desborda de toda geométría. A otros se les aclara la mirada con solo mirar hacia arriba.
A fin de cuentas todos llevamos una llaga, una nostalgia por reencontrar la fuente, el instante original y primigénio. En el subconsciente todos buscamos el primer momento de la creación. Pero cómo puede ser esto posible si la grán serpiente alada carece de principio y de fin? Que cada quien se lo resuelva.
Que al fin de cuentas no nos llevamos ni la casa ni el auto. Aqui dejamos el traje, el reloj y la corbata. Lo único que dicen que nos llevamos son las experiencias. Y para qué quisiera yo llevarme a la siguiente esfera el miedo, la duda?
No te sientas obligado a responder. Nadie tiene la culpa de la forma en que se teje la vida, y sinembargo, la degradación del cuerpo.
Unhappiness begins to decrease when we stop trying to be happy. Acceptance reduces unhappyness. If there were more acceptance, people would start to be less unhappy.
In order to be happy, we should start trying to be less unhappy.
Venerable Antonio
Lleno de paja, cuando dejé de buscar la aguja, me pinché con ella. Cuando paré de buscar las llaves, me dí cuenta de que las había traído durante eones en la mano.
Cuando dejé de tratar de gustarle a esa persona fué cuando me empezó a querer. Mientras más me quejaba del dinero, menos dinero tenía. Mientras más espantaba a la mosca para que no se metiera en mi taza, más se ponía necia y rejega. Al no darme por vencido sino que me dí cuenta de que las molestias de la mosca no serían eternos.
Creo que he empezado a desarrollar una aspiración para que mi voluntad se una con la voluntad del cielo. En realidad creo que tarde o temprano las aspiraciones se vuelven realidad.
Derrepente y sin pensarlo, un esfuerzo contundente y pleno surgió de mi mente. Voluntad que me llevó de inmediato a emprender la acción.
Aún sin pensar cogí el bol entre las manos y bebí la totalidad del chocolate que contenía. Aquello fué una experiencia memorable, un hecho cási heróico para alguien tan extremadamente ordinario como el que escribe.
Ahi supe que el alcance real es no pretender alcanzar nada, no tener nada a que atarse. Despojarse de las muletas que el alma se inventa para distraerse.
Desatar el vuelo de las cadenas del vicio, dejarlo partir de donde vino. Dejar fluir el todo. Permitir que todo pase como llegó, el placer, la vanidad, el dinero.
El alcance verdadero es desnudar los cabos de la isla del letargo.
Continuidad esférica del alma, nomadismo espiritual como los cauces que arrastra el agua.
Es no quedarse estático, errático entre un montón de sensaciónes placenteras. Pero para ir más allá del coito, más allá del triunfo, más allá del miedo y la masturbación intelectuales, precisa el desapego.
Aqui, en este paisaje de vacuidad inhabitada, donde inclusive el blanco se vuelve blanco, el pan recobra su profundo sentido de alimento y las piedras recuperan el habla.
Aqui, en este desierto fugaz que es la materia, desde este cúmulo de huesos, músculos y arterias, quisiera decir que la satisfacción no radica en querer siempre más, sino en necesitar de lo menos para ser felíz.
Pero el deseo de decirte estas frases es también un apego, porque siempre quiero decirte más.
Así lo comandan en los tribunales y en las oficinas, así nos lo dicta el diario, la tele, la entelequia, más comida, más dinero, más orgasmo.
Y poco a poco, sin darnos cuenta ese deseo nos succiona la energía vital despojandonos de la capacidad de distinguir entre lo que es verdadero y lo que pretende serlo.
Alguien me dijo que para no desesperar es necesario ser paciente. El que algo espera, al final del camino se desespera o se decepciona si lo que llega no es lo que esperaba.
La paciencia no tiene religión ni tiene moral. Tiene remedio. La paciencia es la ciencia de la paz, su nombre lo dice: paz-ciencia.
Así como la atención es atentiva, la sensaciónes son independientes del sujeto que las transporta.
No existe nada ni nadie enteramente autosuficiente, ni siquiera el sol, que tantos regalos nos procura sin que se lo pidamos.
El sentimiento siente y la intención intenta. Y cuando el sentimiento siente, el ego desaparece como la bruma que nos permite ver por vez primera el paisaje que se extiende majestuoso frente a nuestros ojos.
Cuántas veces pasamos por el mismo lugar sin percatarnos del grán roble que en silencio todo lo vigila?
Solo hasta que nos bañamos nos damos cuenta de cuán incómodo era estar sucio. Si no nos bañamos seguido, nos familiarizamos con la suciedad, entonces perdemos consciencia del verdadero significado de la palabra limpieza.
No solo se trata de estar consciente cuando algo nos duele, sino también cuando nada nos duele. Solo nos acordamos del sufrimiento cuando nos pasa una tragédia, entonces decimos: -Diosmio, ayúdame!
Pero ese diosmio al que acudimos solo en casos desesperados como un martillo que rompe el cristal para activar la alarma, ese diosmio al que llamamos cuando está a punto de descarrilarse el tren de la cordura, ese diosmio que nos salva de los accidentes, ese diosmio no es una caja de aspirinas que podamos sacar de la covacha justo al momento de la jaqueca. Ese diosmio es la presencia pura del instante y la llevamos cada uno en nuestro pecho.
El sida no existía para el o ella hasta que les diagnosticaron seropositivos. Cuando el que vive la cosa se convierte en la experiencia misma, no hay más duda, entonces la experiencia nos sacude las células y nos saca del sueño opiáceo en el que dormitábamos.
Al OTRO DÍA
Sin temor me embarqué en la experiencia del silencio. Jamás pensé que se pudiera vivir con tan pocas palabras. Que fuera posible comunicar a través de las energías que cada persona dimana.
Me dí cuenta por vez primera que el silencio no es la ausencia de sonidos. Se puede no hablar y sinembargo no escuchar el silencio. Se puede vivir en la montaña y no estar en paz consigo mismo.
El estar callado no implica que el espíritu esté quieto, en calma. No cualquiera que viste un manto azafrán es monje, ni todos los monjes que visten azafrán son en realidad tan monjes.
No todo el que guarda silencio encuentra la paz. Quiero decir silencio. No me mal interpretes, te digo silencio como sinónimo de quietud, no de gravedad ni de mutismo.
-No confundas la gimnasia con la magnesia- me decía el profesor de gimnasia olímpica cuando era pequeño.
Ahora comprendo, aunque el camino del corazón nos diga que en esencia son la misma cosa, en este plano oblicuo y limitado todavía es necesario emplear las armas del discernimiento.
Todo lo que percibimos y lo que no, forma parte de un todo indisoluble. Venerable Antionio nos dice al respecto:
-El Yo esencial es algo que escapa de la jurisdicción de los conceptos, por lo tanto no puede ser explicado. Es necesario experimentarlo por sí mismo. El yo limitado es el ego y en realidad no existe. Pero eso también hay que entenderlo con las células para saberlo.
Nuestro guía nos lleva de la mano por las veredas escabrosas de la montaña del espíritu como por una jungla espesa de entidades misteriosas, por no decir indecifrables.
-No atarse a nada conduce a un estado de paz. Pero cuando se obtiene ese estado de serenidad inexplicable, se cobra consciencia de que aún ese sentimiento maravilloso, es impermanente.
Quien llega a esa esfera de conocimiento se sabe desapegado inclusive de esa paz. Esa paz si que es verdadera.
En su afan de ir más lejos que el concepto, Venerable Antonio lanza al aire una paradoja como una bola de boliche que nos derrumba de una a los aprendices:
-No atarse a nada, ni siquiera a la paz. Desprenderse de teorías, inclusive de la del Buda. No amarrarse al concepto de que dios es amor.
Solo entonces se llega a la paz. Solo entonces se conoce al Buda. Solo entonces se aprende a amar.
DIA CUATRO
Me es imposible decir a qué grado me encuentro atado a la escritura. El gong acaba de sonar y no puedo evitar escribir esta pequeña frase, este diminuto párrafo que retrata el estado de ánimo en que me encuentro.
Prisionero de la tinta que es mi sangre que palpita en un crisol de incandescencias, me descubro instrumento de la mano que cobra consciencia de si misma y se reescribe hasta el umbral del infinito, hasta el ojo certero y blanco de la caracola.
